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Recientemente fueron presentados en Venezuela los resultados del Índice de Calidad Institucional (ICI) 2017, dirigido por el Profesor Martin Krause, miembro de la fundación Libertad y Progreso.

Este estudio tiene la virtud de que compila los resultados de otros estudios orientados a medir el desempeño de las instituciones y otras variables en el ámbito económico tales como: el Indice de Libertad Económica (Wall Street Journal y la Fundación Heritage). El Informe sobre Competitividad Global, del World Economic Forum. Libertad Económica en el Mundo, por el Fraser Institute de Canadá junto al Cato Institute de Washington DC y la revista The Economist. Haciendo Negocios, elaborado por el Banco Mundial.

También el ICI, mide la calidad de las instituciones desde el punto de vista político y para tal fin, se basa en los resultados de otros estudios tales como: Respeto del Derecho (Rule of Law), del Banco Mundial. Voz y rendición de cuentas del mismo Banco Mundial. Percepción de la corrupción, por Transparencia Internacional y Libertad de Prensa, conducido por Freedom House.

Todos los componentes de este estudio, basados en los resultados de otros estudios fijan para los países una tendencia en cuanto al comportamiento de sus instituciones.

En la edición de este estudio de 2017, Venezuela ocupa la posición 184 de 192 países. Las primeras posiciones las ocupan países como: Suiza, Nueva Zelandia, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, Canadá, etc.

Ciertamente, todos los estudios no son 100% fidedignos. Están basados en una mezcla de data dura, más apreciaciones, en la cual las ponderaciones de las variables pueden modificar los resultados. Por esa razón, este estudio reconoce que el (ICI) es un indicador relativo. Es decir, que no mide la calidad institucional en términos absolutos, por no existir un parámetro de perfección contra el cual comparar.

Sin embargo, eso no debe llevar, ni de lejos, a poner en tela de juicio sus resultados, descartándolos, dejando de lado el mensaje constructivo que se debería adoptar para dar viabilidad al país en el futuro, sobre todo en momentos en que “pareciera” haber un poco más de consciencia en el hecho que en la elaboración e implementación de políticas públicas en Venezuela, no se debe dar más por descontado que somos un país rico, porque indudablemente no lo somos, o no lo hemos sabido ser.

Las instituciones, constructo humano para estructurar la interacción política, económica y social, son el elemento vital para la adecuada construcción de un país.

Respeto a los derechos de propiedad, ausencia de corrupción, libertad empresarial, inversiones en infraestructura, salud, educación, investigación científico – tecnológica, facilidades para hacer negocios nacional e internacionalmente, más y mejor democracia, respeto a las leyes, separación de poderes, descentralización,  transparencia en las cuentas públicas, libertad de prensa para que se denuncie, y verifiquen las fallas en estas tareas, son elementos, labores esenciales, entre muchas otras, para asegurar que los pilares de la construcción de un país, no se derrumben fácilmente, sobre todo en tiempos en los que la Gobernanza Global se hace cada vez más difícil, por todas las complejidades de los tiempos que estamos viviendo.

Negar esta realidad es irresponsable. No existen ejemplos en la historia contemporánea de éxito estructurado y no circunstancial, en países en los que se obvien y no se acometan las mismas, urgente y sostenidamente. Mucho menos en entornos en donde no reina la armonía, sino la pugnacidad y el conflicto permanente.

Bien dice el escritor sirio Rafik Schami en su novela “Sofía o el origen de todas las historias” que lo que se iguala por la fuerza para producir o aparentar armonía es la hegemonía de una parte sobre la otra. Es inclusive según él “monotonía, insipidez, aburrimiento”. Agrega Schami que: “sólo la sabia composición de colores y matices distintos, incluso contrarios, solo la prudente aproximación de personas de distintos temperamentos y opiniones genera una armonía viva. Es el equilibro de los opuestos, que, entre los seres humanos, aparece exclusivamente a través del amor y el respeto, pero sobre todo a través del entendimiento. Una vez logrado, tal equilibro se mantiene mucho más tiempo que una armonía obtenida por la fuerza”

Los destellos de consciencia que en tiempos de “vacas flacas” tienen algunos, no sé si por convicción o por inercia, sobre la necesidad de diversificar la economía a través de la promoción de exportaciones no tradicionales, captación de inversiones, etc, pueden estrellarse contra la realidad, si se abandonan las tareas antes referidas.

Fuente: El Estímulo

Fecha: 1 de abril de 2017

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