Al menos cinco universidades autónomas iniciaron este año proyectos y alianzas con instituciones privadas para no cerrar sus puertas el año que viene. La insuficiencia presupuestaria a la que las ha sometido el gobierno, y que llega hasta 80% para el período académico, está dejando a estas casas de estudio sin profesores de alta preparación y en riesgo de no poder garantizar la calidad docente en estos tiempos de crisis que exigen profesionales con buena formación.

“Estamos tan ahorcados que no podemos asegurar una buena educación; estamos a punto de llegar al colapso institucional inducido”, afirmó Nicolás Bianco, vicerrector académico de la Universidad Central de Venezuela, que en el ranking global Times Higher Education, publicado en el Reino Unido en septiembre pasado, estuvo –después de la ULA– entre las 21 mejores casas de estudio de las región, al evaluar las 1.000 más destacadas del mundo. El Ejecutivo le aprobó solo 18% de los recursos solicitados (1,3 billones de bolívares) para 2018. “Es el presupuesto más bajo en una década”, asegura el médico investigador, quien hace un descarnado diagnóstico de las carencias.

“De 5.800 profesores activos que tenía la UCV quedan 4.300 para 44.000 estudiantes de pregrado y 11.700 de posgrado, en 49 escuelas y 11 facultades. La mitad es personal contratado, de medio tiempo, y el resto –entre 1.000 y 1.200– está a dedicación exclusiva y es poco para la población de aproximadamente 60.000 estudiantes que debe hacer investigación y extensión. El problema con este grupo, que tiene la mayor responsabilidad y cuyo enorme esfuerzo nos llevó a figurar en el ranking, se ha agravado”.

Todas las facultades registran un déficit cuantitativo y cualitativo de profesores desde hace tres años. “El resultado es devastador”, dice, aunque 90% del exiguo presupuesto se va en sueldos y salarios de todo el personal. La UCV tiene apenas 3 becarios en el exterior, pero en el pasado llegó a tener hasta 200 estudiantes; también debieron renovar el personal de asistentes en los últimos 5 años, porque muchos se retiraron.

“Tenemos una debilidad integral”, precisó, aunque asegura que la fuga de talento docente no llega a la centena. “Hubo algunos que se fueron a Ecuador donde les ofrecieron sueldos de entre 4.000 y 5.000 dólares mensuales, pero buena parte se regresó; las condiciones no fueron las que les ofrecieron”.

La UCV no ha podido pagarles sueldos justos a sus docentes. “En enero de 2016 propusimos que un titular ganara 1.500.000 bolívares, pero eso fue congelado en el Consejo Universitario, ni siquiera se discutió… Le hemos pedido a los profesores que mantengan al día sus conocimientos, pero es complicado”.

En minusvalía. La falta de recursos impacta también en otros centros universitarios. La Universidad Simón Bolívar cuenta con 734 profesores y un exiguo presupuesto. De esa cantidad 30% está a dedicación exclusiva. 60 docentes se han retirado este año; solo en el último mes se fueron 40 educadores. “La calidad del profesor, que tiene que ver con su experiencia, se está perdiendo por la migración de profesores experimentados. Eso sin contar jubilaciones”, afirma el rector Enrique Planchart.

En la Universidad de Carabobo, con 4.800 educadores y 2.100 jubilados, la posibilidad de cumplir con la formación de calidad es más complicada. “En 2018 no es posible cumplir con la precuota acordada, que representa 14% del presupuesto asignado. Solo hemos podido cuadrar un mes de gastos de funcionamiento”, señala la rectora Jessy Divo, quien agrega que en 9 años han sido muchas las políticas del gobierno que atentan contra la universidad que cumplió 125 años.

“Aquí hasta 20% de los concursos docentes quedan desiertos”, afirma Mario Bonucci, rector de la Universidad de los Andes-Mérida, y añade que hay cada vez menos interés en ocupar esos cargos. Trabajan con un plantilla de 7.000 catedráticos activos y jubilados. El presupuesto asignado, que oscila entre 26% y 30%, alcanza solo para 5 meses de actividad. Indica que aunque pueden cumplir con el pago de sueldos, becas y suministros para el comedor, no pueden hacerlo con los gastos de funcionamiento de laboratorios, tecnología y reposición de máquinas. “Cuando esto ocurre, la calidad académica disminuye”.

La carencia de docentes ha obligado a las universidades a reinsertar al personal jubilado y más aún en carreras de menor demanda, pero esenciales. En Ingeniería Hidrometeorológica, que se cursa solo en la UCV y forma especialistas en el ciclo hidrológico, incidencia del clima en ríos y cuencas, y manejo de reservas de agua, solo hay un profesor a tiempo completo. Los únicos tres jubilados imparten clases a 15 estudiantes que cursan el semestre y lo hacen ad honorem, refiere el profesor retirado Valdemar Andrade, quien lleva 10 años dictando clases. “No ha habido nuevas promociones ni oferta, a pesar de la crisis del país en esta materia”.

Publicada por El Nacional

26/11/2017

Ir a la barra de herramientas