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La corrupción en Venezuela no se restringe a un sólo tipo de prácticas, pues involucra una serie de formas, mecanismos y organizaciones en las que intervienen elementos muy variados. Este tumor maligno que carcome las entrañas de la patria de Bolívar, ahoga nuestra economía, porque distorsiona los procesos de toma de decisiones y afecta los proyectos para el desarrollo del país.

La corrupción es lo contrario de lo que Adam Smith llamaba “la mano invisible”, esa con la que se alienta o desalienta la producción y los precios se regulan a través del mercado. Esa que explica que cuando una sociedad se va desarrollando y crece la división del trabajo, la intervención gubernamental se hace innecesaria en la mayoría de las asuntos, abocándose detalladamente en asuntos como la administración de justicia y en proveer bienes públicos.

Pero para un gobierno como el que hoy tiene secuestrado el poder en nuestra Venezuela, es necesario una mano más bien visible, una que todos conocemos, que más bien desalienta la producción y distorciona los precios, porque la única manera de ellos enriquecerse y mantenerse en el poder es teniendo el control de todo.

La corrupción supone un beneficio personal para quien la ejerce al momento de violar obligaciones que se derivan de un cargo, generando daño al resto de la sociedad, pero eso es algo que a Nicolás Maduro y su camarilla no les importa, porque a lo único que le ponen el ojo es a ver cómo siguen llenando sus bolsillos a costa del pueblo venezolano; y ahora pretenden profundizar los alcances de su nefasta política hambreadora a través de la fraudulenta constituyente.

Lo que pasa es que hay demasiado dinero de por medio. Ya la Fiscal Luisa Ortega Díaz dijo en Brasil, que el mega guiso de los Clap, supera los mil millones de dólares. Hay que verle la cara a esa cifra, más cuando hay millones de venezolanos escarbando en la basura para echarle algo al estómago.

En cada cosa que organiza el gobierno hay un entramado de corrupción gigantesco. En el caso de las bolsas Clap ya nosotros habíamos denunciado hace unos meses el guiso que tenía el gobierno allí. Ahora la Fiscal señala que Nicolás Maduro es presuntamente dueño de esa empresa.

En todo caso, esas joyitas de la compañía Group Grand Limited reciben dólares preferenciales a Bs 10, pero venden con la complicidad del gobierno, productos con sobreprecio. Por si fuera poco, son socios también en la empresa Fondo Global de Construcción, una contratista que ha recibido transacciones del Estado, responsable de obras de la Misión Vivienda.

Por donde usted busque encontrará los tentáculos de la corrupción de este grupito de desalmados que se hacen llamar humanistas. Por más perverso que un gobierno sea, la salud debe ser una prioridad, pero en Venezuela no hay antialérgicos, medicamentos para el corazón, el sistema nervioso, la hipertensión, la diabetes o el Mal de Parkinson, y no estamos hablando de medicamentos para enfermedades especiales, se trata de los medicamentos de mayor uso.

Y es que detrás de esta escasez de medicinas que tiene al pueblo muriendo de mengua, hay otro mega guiso, pues resulta ser que hay laboratorios que están recibiendo dólares preferenciales a fin de importar materia prima para la fabricación de medicamentos. El detalle es que deben vender toda su producción al gobierno a los precios regulados que el mismo gobierno impone. Lo que el gobierno hace con los medicamentos es venderlos a través de una de sus empresas exportadoras, y lo hace en el exterior a precios 3 o 4 veces por encima de lo que pagó por ellos.

Mientras en el país, uno de cada dos enfermos de cáncer muere, en el marco de una crisis de equipos, insumos y medicinas especializadas, solo en el 2016 murieron 26.000 personas de cáncer; mientras cada media hora muere un venezolano por enfermedad cardiovascular; mientras que la condición de riesgo de morir por estos males es 15 veces mayor que el en el resto del mundo; los enchufados del gobierno se lucran con esta triangulación de medicinas.

Comentar estas cosas genera una profunda sensación de frustración, pero es necesario desnudar la verdad, para que los pocos que aún creen en este régimen desalmado, terminen de abrir los ojos y conecten con la realidad.

Hay que llegar al fondo de estas denuncias, porque estos malhechores que han desangrado el país no pueden quedar sin justicia. Como siempre decimos, más temprano que tarde, tendrán que pagar por años de sufrimiento a un pueblo noble que sigue resistiendo por su profunda convicción pacífica y democrática.

Ésta mal llamada revolución es un error en nuestra historia, que se ha mantenido gracias a la bonanza petrolera más grande de toda la historia, lo que alimentó un proceso devastador, porque en lugar de promover una economía de progreso, desmanteló las instituciones y arrasó con todo para poder tener el control.

No hay manera de que esta narco corrupta cúpula se sostenga por mucho tiempo en el poder, ya que la economía colapsó, nuestra moneda perdió su valor, el aparato productivo y la industria petrolera están severamente dañados. Tenemos la inflación y escasez más altas del mundo y de paso estamos al borde del default, ya que los compromisos inmediatos superan los 4 mil millones de dólares, de los cuales 2.983 millones de dólares deben ser cancelados por el gobierno entre octubre y noviembre de este año. Si no pagan, habrá embargos. Perderemos el flujo de caja.

Esto tiene a la dictadura en una encrucijada, porque no hay suficientes recursos para importar productos y pagar los compromisos internacionales, y de paso el fraude constituyente le está saliendo al régimen por la culata. Los 29 países de la Unión Europea hasta la inmensa mayoría de las naciones del Hemisferio Occidental y el Mercosur han declarado la muerte de la democracia en Venezuela. Tal consenso no se había visto en toda la historia de Latinoamérica. A ello se le suma un severo aislamiento financiero y la incertidumbre de posibles sanciones económicas.

El mundo nos está escuchando, tienen sus ojos puestos en nuestra Venezuela, en la historia de cada venezolano. Eso lo hemos logrado con nuestra lucha. Ahora es necesario que los venezolanos nos escuchemos nosotros mismos, conozcamos la historia de quien se sienta al lado nuestro en metro, de quien come una empanada todas las mañanas en el mismo sitio que nosotros, de quien se toma el cafecito de la tarde en la mesa de al lado. Sus problemas son los mismos que los tuyos. Si él o ella no están convencidos aún de que los problemas terminarán cuando salgamos de este gobierno, convénzalo, porque es Nicolás Maduro y su camarilla los responsables de esta situación que atraviesan los venezolanos.

Si con quien habla está convencido, seguro tiene una visión distinta de las cosas, vamos a escucharnos, vamos a entendernos, vamos a conseguir una solución y trazar una ruta para el rescate de nuestra democracia entre todos. Si sumamos los motivos de lucha políticos, a los económicos y a los sociales, mucha más gente se irá sumando a esta lucha. Hasta lograr ese cambio por el cual tanto hemos luchado.

Nadie dijo que sería fácil ni rápido, más bien ha sido muy largo, pero debemos mantener la fuerza y seguir luchando. Mientras haya problemas, hay razones para continuar y buscar las soluciones. Mientras no haya democracia y libertad, hay motivos para seguir buscándolas. Este régimen amenazante pero profundamente débil, en nuestras manos está seguir presionando. Que nadie decaiga. La lucha debe seguir.

¡Qué Dios bendiga a nuestra Venezuela y nos ayude a limpiar de tanta corrupción a nuestra patria!

 

 

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