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A lo largo de nuestra historia democrática hemos observado como la abstención es la opción menos eficaz para lograr los objetivos. En la historia reciente tenemos claros ejemplos de que la abstención lejos de obtener algún logro, lo que hace es favorecer al régimen y a la cúpula corrupta en su permanencia en el poder.

Abstenerse, además, es ir en contra de una de las razones por los cuales salimos a las calles a luchar, las elecciones. Queremos todas las elecciones que establece nuestra Constitución. Los enchufados que están en el poder no quieren elecciones, les tienen miedo. Por eso se robaron el Revocatorio y no convocaron a las regionales el año pasado cuando correspondía, y las municipales de este año jamás estuvieron en cronograma.

Este proceso electoral al cual estamos llamados se está realizando gracias a la lucha de todos los venezolanos en la calle y la presión internacional. Los venezolanos demostramos que hoy somos una gran mayoría los que queremos un cambio de modelo, un cambio de gobierno, un cambio para vivir finalmente en paz y tranquilidad. Esa lucha permitió que la gran mayoría de los países del mundo voltearan a ver qué está pasando en nuestra Venezuela.

La lucha que dimos en las calles es la que nos ha permitido estar donde estamos hoy, cada vez más cerca de una nueva Venezuela; abstenerse sería como dar un paso atrás después de tanta lucha, sería abandonar el rescate de la libertad, la democracia y la Constitución.

El gobierno quiere que sintamos que no vale la pena seguir luchando, caer en su juego es darle la victoria sin pelear, y comulgar con el abstencionismo sería jugar el juego de la dictadura.

La participación electoral siempre ha servido para que los movimientos democráticos aceleren la caída de los tiranos. Todos los movimientos democráticos del mundo han puesto las elecciones en el primer lugar de la lista de exigencias para derrotar las dictaduras. No se conoce ningún caso en el mundo, donde una dictadura haya sido derrotada mediante la abstención electoral.

Las elecciones regionales no son solo un fin, son además un medio para convertir a las regiones en un movimiento democrático, popular y constitucionalista, que nos permita tener en los estados una cara visible en la lucha por el rescate de nuestra Venezuela. Quienes sean electos gobernadores continuaran dando la cara desde sus estados por ese cambio que todos anhelamos. Las elecciones son un paso más en esta lucha.

Estas elecciones constituyen un nuevo cauce, porque abren espacio en la participación pública y la confrontación política. Las regionales no legitiman al régimen, porque la narco cúpula es anti-electoral. Debemos verlo de esta manera: los comicios del 15 de octubre nos permitirán derrotar también a un CNE tramposo.
Sabemos que el CNE ha sido fraudulento, sabemos que lejos de defender los derechos políticos de los venezolanos las señoras del CNE se arrodillaron frente a la dictadura, sabemos que el ente comicial perdió toda pizca de independencia y soberanía. Pero la práctica nos ha demostrado que cuando la votación se convierte en un tsunami popular y cuando las mesas son vigiladas una por una, el fraude queda derrotado. Se cumple la teoría entonces de que mesa vigilada es mesa ganada, y si algunos dudan, solo recuerden el revolcón que le metimos al gobierno en los comicios para elegir a la Asamblea Nacional. Por cierto, los últimos realizados en nuestro país, donde se puso en evidencia la mayoría que construimos con tanto esfuerzo estos años.

En nuestras manos está la fuerza para continuar bregando el cambio. La Constitución ha sido nuestra ruta y tiene que seguir siéndola. Cada voto es un abrazo a la Constitución.

Tenemos un compromiso histórico dentro de dos semanas. No votar sería permitir que las gobernaciones queden en manos de los responsables de la crisis. Nuestra Venezuela vive una crisis humanitaria sin precedentes. Son tantos los problemas que a diario vivimos los venezolanos que se nos empezó a olvidar el significado de la palabra vivir. La vida no debe irse en un sobrevivir como está ocurriendo en nuestro país, y los culpables de que eso esté pasando con los que ahora están en el gobierno, son los que han tomado las nefastas decisiones que tienen a Venezuela sumergida en la miseria.

Votar es entonces hablar con contundencia y rechazar la crisis, no hacerlo es comulgar con el hambre, la inflación, la escasez de alimentos, la falta de medicinas y la inseguridad. No votar sería además tirar por un precipicio la descentralización. No votar sería permitir que otro lo haga por usted.

El régimen quiere gobernadores arrodillados y no líderes independientes que se planten con irreverencia ante la violación continuada de una distribución mezquina de los recursos que corresponden a las regiones. No votar es simplemente jugar en el equipo de quienes apuestan centralizarlo todo para seguir desangrando al país y entregar solo migajas al pueblo de los estados. No votar es subordinarse al régimen de Maduro.

El ocupante temporal de Miraflores, sabe que si votamos tenemos abierta la posibilidad de ganar la mayoría de gobernaciones, por eso juega todos los días a la desmotivación y a la resignación. Debemos tener claro que con las regionales no nos vamos a quitar de encima el problema de fondo, que es cambiar al principal responsable de la crisis, pero debemos luchar para no ceder terreno, conquistar nuevos y defenderlos de las pretensiones totalitarias. Debemos entender que nuestra participación constituye avanzar unos metros más en el camino hacia el cambio político que la inmensa mayoría queremos.

Es imposible que el gobierno nos gane el próximo 15 de octubre si salimos unidos, con esperanza y con fe de que juntos podemos recuperar al país.
Los venezolanos estamos llamados a darle una nueva lección a la cúpula corrupta que tiene secuestrada la democracia en Venezuela. Debemos dejar claro con nuestro voto que somos mayoría y que seguimos dispuestos a recuperar todo lo que nos han robado. Llegó otra hora de pasarles la factura y de que paguen con intereses.

Venezuela no le pertenece a un grupito ambicioso y enfermo de poder. Venezuela es de cada venezolano que madruga para ir a trabajar, del que ahora se ve obligado a recorrer media ciudad buscando alimentos o medicinas, del que se ve obligado a aguantar horas de cola debajo del sol para poder adquirir un par de productos regulados, de aquel que ha perdido su empleo porque las empresas no tienen cómo producir, de aquel que ha tenido que reinventarse porque el salario no le alcanza, de todos los que vemos comiendo de la basura porque no tienen para comer, de todas esas familias que aún hacen un esfuerzo para que los niños asistan a las escuelas. Venezuela es de esos niños y de los jóvenes que van a las universidades pese a las adversidades. Venezuela es de todos los que se han ido y de todos los que se han quedado. Venezuela es tuya, es mía. Venezuela es de todos.

¡Qué Dios bendiga a nuestra amada Venezuela! ¡A VOTAR el 15 de Octubre!

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