El miércoles pasado, el gobierno anunció que el nuevo salario mínimo en nuestra Venezuela es de menos de un dólar al mes si lo calculamos según la tasa a la que realmente tienen acceso los venezolanos. ¡Y tienen el cinismo de contarlo como una buena noticia!

Para ponerlo en dos platos: el salario mínimo de un trabajador, restando el bono de alimentación, es de 3 millones de bolívares. Menos de un dólar al mes.

Este es el cuarto “incremento” que han tenido que anunciar en lo que va de 2018, obligados por una hiperinflación de la cual ellos son los únicos culpables y que ha ubicado el ingreso mensual de cada trabajador como el más bajo del mundo.

La gente no es tonta. Todos en Venezuela sabemos en qué se traduce cada aumento. ¡Y si no vean qué pasó con los otros tres incrementos de este mismo año para darnos cuenta! Lo dije en este mismo espacio la semana pasada: las cifras de hiperinflación que se nos vienen encima a los venezolanos deberían espantar al planeta entero. Y además son el principal argumento en contra de los culpables del desastre que estamos padeciendo.

Un gobierno que se ve obligado a llevar el salario integral (es decir: el sueldo más el bono de alimentación) de 2.555.500 de bolívares a 5.196.000 bolívares sólo pone en evidencia su propia incapacidad en materia económica. Evidencia también que ni siquiera a las pocas familias, a las que les llega ese mecanismo de extorsión a través del hambre que es la caja CLAP, les alcanza la plata. Cada vez les cuesta más mantener su modelo inviable, porque hasta a los pensionados los dejaron por debajo del sueldo mínimo. ¡Y tanto que han manipulado y maltratado a los respetables abuelos, quienes dependen de una pensión por la cual trabajaron durante décadas!

Y mientras esos abuelos están llevando sol y agua en la cola de un banco, donde ni siquiera los dejarán cobrar en efectivo, en el gobierno nadie sacrifica sus privilegios. Por ejemplo: no harán que PDVSA deje de ser alcahueteada por el Banco Central de Venezuela, porque no quieren detener el déficit.

Y ese déficit lo estamos pagando los venezolanos con la hiperinflación.

Así de simple. La hiperinflación en Venezuela es una consecuencia de los controles y las pésimas decisiones económicas. Sin embargo, lo más cruel es que en Miraflores decidieron endeudarnos en lugar de frenar esta locura. Es así: la hiperinflación es la manera en que el gobierno le cobra a los pobres la deuda en la que se metieron para poder mantener sus chanchullos.

Y mientras unos vivos siguen pegados a la manguangua de conseguir dólares preferenciales para llenarse los bolsillos y los de sus cómplices, Nicolás Maduro anuncia un nuevo salario mínimo y es tan cruel que lo celebra cuando, por su culpa, esas personas que reciben un solo salario mínimo en un hogar necesitan veinte sueldos más para poder meter algo en la nevera que alimente a su familia.

Súmenle a eso que, aunque mantienen el dólar preferencial a 80 bolívares, el gobierno ya le permitió a las casas de cambio que reciben remesas pagar cada dólar a 2.200.000 bsf. Es decir: entonces, el propio gobierno termina asumiendo que aumentó el salario mínimo de un dólar a dos dólares y un poquito más. ¡Nada!

¿Quieren ir a los números del día a día? Bueno, ¿recuerdan que hace unas semanas Nicolás Maduro se burló de esos compatriotas que decidieron irse del país a trabajar duro “limpiando pocetas” para ayudar a sus familiares? Ahora saquen la cuenta: si uno de esos trabajadores de quien se burló Nicolás Maduro pudiera mandar unos doce dólares cada mes a su familia, y cada dólar se cambia a la tasa de la remesa de 2.200.000 bsf, le estaría mandando a su pariente un equivalente a 5 salarios mínimos o a 6 jubilaciones, cifra que podría aumentar si el cambio se hace en el mercado paralelo.

¿Ya lo ven? ¿Entienden la farsa del aumento de salario? Están matando de hambre al pueblo y lo celebran con cinismo.

Porque, ¿qué significa que un gobierno se vea obligado a aumentar el salario mínimo?

Háganse la pregunta. Hágansela al seguidor oficialista del barrio. Hágansela a ese amigo o al vecino o al familiar que todavía se cree el cuentico de la «guerra económica».

¿Qué significa que un gobierno tenga que aumentar el salario mínimo cuatro veces en apenas un semestre?

El oficialista siempre dirá que es una decisión para compensar el aumento de los precios. ¿Pero quién le cree ese cuento cuando en Venezuela cada día tenemos una inflación de 2,5%? Una madre venezolana se acuesta a dormir y sabe que la mañana siguiente los precios subirán 2,5%. ¡2,5% cada día!

¡Esa es la inflación que tiene Chile en todo un año!

El salario mínimo sirve de referencia solamente en una economía estable. Y los aumentos se suelen dar después de que se hace pública información transparente sobre el desempeño económico de un país, para que tanto el Estado como las empresas puedan ajustar sus presupuestos. Y ahí entran también los sindicatos y las organizaciones civiles para ser consultadas. Aquí no. Aquí lo que hace el gobierno de Maduro es una maniobra que aprieta más y más a las familias, hundiéndolas en la miseria.

¿Y por qué lo hacen? Pues simplemente porque están matando de hambre al pueblo y eso les resulta rentable. Por eso lo hacen. Por eso no tienen ni la intención de arreglar esto.

Cualquier líder político responsable sabría que lo que tocaría en un escenario como éste es frenar al BCV y su expansión monetaria, deshacer los controles de manera paulatina y estimular la producción a tope, no sólo la petrolera, para compensar las consecuencias de tanto extravío en las políticas económicas durante años.

¡Hasta Trinidad y Tobago, con una población mucho menor que la nuestra, pudo apalancar su economía gracias a la época del barril por encima de los cien dólares! Pero esta gente se gastó toda la ganancia de los años de bonanza petrolera para consolidar un proyecto político fracasado y atornillarse al Poder.

Tenemos que entender que la nuestra es una economía frágil. Hace unos seis o siete años estos aumentos de salario eran igual de inútiles, pero su efecto placebo eran más duraderos. Hoy, después de que destrozaron nuestra industria petrolera y convirtieron al BCV en la alcancía de PDVSA, Venezuela está produciendo apenas 1.3 millones de barriles de petróleo por día. La destrucción es tal que la Agencia Internacional de Energía prevé que a finales de año, Venezuela no estará produciendo ni un millón de barriles diarios.

Quien revise una por una las políticas cambiarias, monetarias y fiscales que tiene este gobierno sabrá dónde está la causa de este infierno.

Y también sabrá que un simple aumento del salario mínimo no sirve ni para compensar el poder de compra de los trabajadores ni se corresponde con la productividad de su trabajo. Voy más allá: conozco personalmente casos de trabajadores de empresas del Estado, como Corpoelec, la propia PDVSA o el Metro, a quienes les sale más caro ir a trabajar que quedarse en casa y que les descuenten el día, porque ¿Quién puede vivir con menos de un dólar al mes?

Esa es la gente que se está yendo del país. El Estado venezolano se ha convertido en un patrono que empuja a sus empleados a abandonarlo.

Sin embargo, este país es tan noble que yo sé muy bien que ese cambio de gobierno que nos urge repatriaría a muchas personas decididas a levantar este desastre en el cual el oficialismo ha hundido a Venezuela durante dos décadas.

Nadie quiere estar lejos de los suyos. Nadie quiere dejar atrás los paisajes en los que creció ni los sabores que recuerda ni los afectos. Nadie.

Quienes se han ido se han convertido en los puntos de apoyo de quienes resistimos acá. Es una misma fuerza. No olvidemos eso. Y esa fuerza siempre halará hacia donde esté el amor, hacia donde estén las ganas, es decir hacia nuestra Venezuela.

Por eso los invito a que expliquemos a cada venezolano qué es lo que está pasando (increíble pero cierto que hay que explicar), dónde están los errores, por qué hacemos lo que hacemos y cuál es la magnitud de lo que vivimos. Más temprano que tarde todo eso tendrá sentido. ¡Confíen en ustedes mismos! ¡Hay que recuperar la confianza del venezolano en lo que es realmente!

¡Qué Dios bendiga a nuestra Venezuela!

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