Con la llegada de la pandemia, en marzo de 2020, el bolívar físico terminó por extinguirse en las casa de cambio de La Parada, en Colombia. Son muy pocos los que lo nombran, y están quienes lo buscan para tenerlo como recuerdo, frente a las reconversiones que se han establecido en los últimos años en el país.

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Los letreros en las casas de cambio de La Parada, en Colombia, donde exhibían el valor del bolívar, ya sea para la compra o la venta, solo quedaron en la mente de los ciudadanos que solían recorrer estos establecimientos fronterizos, o en las imágenes de archivo. En la actualidad, solo muestran el valor del dólar o del euro.

La moneda venezolana, en febrero de 2020, antes del arribo de la pandemia, aún se veía en los municipios de frontera. Muchos de los ciudadanos que viajaban a la zona, desde diversas regiones de Venezuela, traían bolívares en sus bolsos o maletas con el fin de cambiarlos en el corregimiento colombiano por pesos.

Ya para esa fecha, en las jurisdicciones de Bolívar y Pedro María Ureña, la moneda venezolana circulaba muy poco, pues la gente ya había oficializado, por su cuenta, al peso, frente a una hiperinflación que no le permite al bolívar tener un respiro. Manejar grandes cantidades, incluso para comprar un solo artículo, generaba confusión y desazón entre los habitantes.

Lo común, ahora, es ver al peso en los bolsillos de los residentes. Ya nadie pregunta: ¿recibe bolívares? Esa interrogante quedó diluida ante una moneda extranjera que se fue filtrando, hasta arropar todos los sectores económicos que aún operan en las localidades, incluido el informal.

Los pocos negocios formales que abren sus puertas en el casco central de San Antonio marcan los precios de sus productos en pesos, al igual que los vendedores informales o cualquier trabajador ambulante que recorra las calles de la frontera. Algunos, para pagar ciertos servicios o renovar cierta mercancía, reciben pagos en bolívares, vía transferencia.

Con la llegada de la pandemia, en marzo de 2020, el bolívar físico terminó por extinguirse en la zona. Son muy pocos los que lo nombran, y están quienes lo buscan para tenerlo como recuerdo, frente a las reconversiones que se han establecido en los últimos años en el país. Con el transporte público pasa lo mismo.

Ningún sector de la economía fronteriza se escapa a esta realidad. El transporte público, ya sea en rutas urbanas o suburbanas, fija sus precios en pesos. Si algún pasajero, sobre todo en las rutas que salen del municipio con destino a San Cristóbal o La Fría, desea pagar en dólares, también son recibidos por los conductores.

Esta radiografía da muestra de las decisiones que se han tomado desde lo interno de las comunidades fronterizas, las cuales, al igual que en el resto del país, buscan oficializar una moneda extranjera sin esperar algún decreto gubernamental. Son virajes que los grupos sociales han hecho valer para poder subsistir, en medio de unos puentes cerrados y un panorama desolador del lado venezolano.

“Solo 2 % de puntos de venta”
Además de la desaparición del bolívar en frontera, solo el 2 % de los negocios formales manejan puntos de venta, aseguró la presidenta de la Cámara de Comercio de San Antonio del Táchira, Isabel Castillo: “Los pocos que están funcionando, en muchas oportunidades, presentan fallas debido a la inestabilidad de la plataforma”, subrayó.

Para Castillo, el bolívar en la frontera dejó de manejarse, ya “no es reconocido por sus habitantes”, quienes en su mayoría reciben pesos y no están negados a recibir dólares, si el cliente así lo prefiere. “Manejar bolívares significa tener exorbitantes cantidades para poder adquirir cualquier producto”, dijo.

Puso como ejemplo las pensiones de los adultos mayores, cantidad que a su juicio no alcanza ni para comprar sus medicinas. “El salario mínimo en Venezuela no está acorde con la realidad que se vive actualmente en la nación, es irrisoria la cifra”, apuntó, para luego hacer énfasis en que en ninguna parte están recibiendo los bolívares.

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Con información de Tal Cual

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