John Jairo tiene 11 años y se fue a la jornada de Cáritas Venezuela en la casa parroquial de la iglesia San Joaquín y Santa Ana, en Carapita, solo y sin haber comido. Hasta la 1:00 pm no tuvo nada en el estómago: lo único que le ayudó a calmar el hambre de ese día fue un sancocho organizado por la fundación eclesiástica y algunos panes que sobraron de la jornada. Al igual que él, otros niños de la zona tampoco están comiendo como deberían.

El pasado sábado 11 de febrero, la fundación Cáritas organizó una jornada de monitoreo en la barriada del oeste caraqueño junto a la organización Médicos Unidos y Radar de los Barrios. Entre los 56 niños atendidos en el operativo de salud de ese día, estaba una pequeña de tres años que se turna entre las casas de sus padres y sus abuelos. Solo cuando le toca estar con estos últimos, la niña tiene garantizada las tres comidas del día. No importa que las porciones sean más pequeñas de lo normal.

“Yo la llevé a la casa de su mamá el 31 de diciembre y pesaba 13 kilos”, dijo la abuela asombrada. Tras tomar las medidas y el peso de la niña, Cáritas detectó que la pequeña había bajado a 11 kilos. “Cuando yo estoy con ella le doy aunque sea un plátano o un tetero, pero no la dejo sin comer”, respondió la mujer de 50 años. Los brazos y las piernas de la menor se escondían detrás de la anchura de la franela y el short que llevaba puesto.

De un total de 38 niños en edades escolares, Cáritas detectó que 34% presentaba algún grado de déficit nutricional. De este grupo, 7% figuró en la categoría de desnutrición moderada-severa y son más propensos a enfermarse por la mala alimentación que llevan a cuestas.

En el caso de los menores de cinco años, la fundación encontró que de 18 niños evaluados, la mitad tiene algún tipo de desnutrición. Solo 22% presentó un estado nutricional normal que se corresponde con la edad, el peso y la talla (estatura).

Esta data corresponde a los casos de desnutrición aguda, aquella que se ve reflejada en los cambios repentinos de peso. Para prevenir que los kilos sigan disminuyendo producto de la crisis, Cáritas entregó vitaminas y suplementos este lunes, 13 de febrero, a los familiares de los niños que están por debajo del peso previsto para su edad y estatura.

“Su hijo está un poquito bajo de peso. Para evitar que siga bajando, le vamos a dar unas vitaminas y suplementos. Venga a buscarlas en la iglesia el lunes”, repetía la nutricionista y consultora de Cáritas, Susana Raffalli, a los familiares de los pequeños.

La data recabada por Cáritas Venezuela arrojó un diagnóstico que demuestra que el hambre no es un problema nuevo, sino que se ha instalado en el país progresivamente. Del total de niños medidos, 17% presentó retraso del crecimiento. Este porcentaje refleja que la mala alimentación le quitó a los pequeños centímetros de crecimiento que no podrán recuperar en el futuro.

Enfermedades vinculadas a la calidad del agua aparecieron en los reportes de la fundación. No solo la mala alimentación, sino también parásitos y la escabiosis afectaron la salud de los más pequeños. “Aquí el agua viene muy sucia”, se quejó Astrid Manamás, vecina de la zona y madre de dos. Apenas vio los primeros síntomas de sarna en su hija menor, la bañó con jabón de azufre.

Por la crisis, las pequeñas ya no se alimentan como antes. “Cuando se puede, se come chuleta y carne. Ellas van a la deriva al colegio porque nunca se sabe si van a dar comida”, contó a Efecto Cocuyo. “En mi casa hacemos dos comidas: almuerzo y cena. Como a las 5:00 pm lo que hago es que les doy un tetero, un poquito de avena o un vasito con fororo mientras preparo la cena”, explicó.

Tres meses de hambre

Entre octubre y diciembre de 2016 la fundación Cáritas llevó a cabo el mismo monitoreo en 25 parroquias distribuidas entre Distrito Capital, Vargas, Miranda y Zulia. De 818 niños menores de cinco años evaluados, la organización determinó que 9% presentaban casos de desnutrición moderada y severa.

La fundación también detectó que el hambre se ha ido instalando silenciosamente en el país desde hace un tiempo. “En cuanto a la talla (estatura) se registró un déficit de 18%. Eso quiere decir que de cada 100 niños que medimos, a 18 ya se les había retardado el crecimiento“, advirtió Rafalli.

Fuente: Efecto Cocuyo

Fecha: 14 de febrero de 2017

Ir a la barra de herramientas