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La mayoría de los venezolanos siente con gran tristeza y dolor el año 2017, y ciertamente ha sido el año más difícil de nuestra historia hasta ahora, pero también ha sido el año en el que hemos demostrado el poco apoyo que le queda a este régimen productor de pobreza.

Basta con observar el comportamiento de quienes están en el partido de gobierno para entender la magnitud de su desgaste, el Psuv como fuerza política está agotada y ellos lo saben. Tanto lo saben que en sus campañas se vistieron de azul y ninguno de los candidatos colocó una foto junto a Maduro u otro miembro de la cúpula roja.

Utilizar el color rojo o retratarse al lado de Maduro en campaña es algo ya vetado para los candidatos del gobierno. Esa es una prueba del rechazo que siente el pueblo venezolano por quienes hoy están en el poder.

Y cuando un régimen como el que tenemos en Venezuela pierde el apoyo del pueblo, por su carácter totalitario, se ve obligado a implementar mecanismos de control para conseguir mantenerse en el poder.

Es por eso que cuando se acerca una elección y necesitan el voto, surgen nuevos instrumentos de chantaje de los cuales se valen para ejercer intimidación, sobre todo en los sectores donde existen más necesidades, pues estos mecanismos vienen acompañados de una fuerte dependencia hacia el gobierno.

Así, el “carnet de la patria” se ha convertido en la nueva forma de amenaza del gobierno hacia los venezolanos, poniéndolo por encima de los documentos de identidad nacional legales, como la cédula de identidad.

El “carnet de la patria” surgió como un instrumento indispensable para quienes simpatizan con el oficialismo, pero se ha ido convirtiendo en un mecanismo de chantaje y control también para el resto de los venezolanos, implementándolo como un requisito obligatorio para la adquisición de medicinas, alimentos, hasta efectivo, y ya se escucha como requisito para otras diligencias que como venezolanos tenemos derecho, que no son una misión o política promovida por el gobierno.

La cédula de identidad es el único documento oficial que comprueba la identificación de los venezolanos, y debería ser el único utilizado para tal fin. El “carnet de la patria” es una política excluyente que discrimina a quienes no lo tienen ni tienen interés en tenerlo porque lo ven como lo que es: un carnet del partido de gobierno.

El régimen suele entender al Estado como una extensión del partido de gobierno, y si bien es cierto que un carnet no dirige la vida de un pueblo, el gobierno lo utiliza para intimidar y coaccionar, aprovechándose de las necesidades de los venezolanos, ya no solo de un sector de la población, porque hoy la crisis afecta fuertemente al que no tiene nada pero también al de clase media, que hasta hace poco llevaba una vida estable y ahora se ve en la necesidad de recurrir al gobierno para poder alimentar a su familia porque el salario no le alcanza a nadie o para poder adquirir el medicamento que ya no se consigue.

Jugar con las necesidades de un pueblo es la manera más vil y rastrera que tiene un gobierno para mantenerse en el poder. El “carnet de la patria” no es otra cosa que un mecanismo de control y chantaje.

Sumado a esto, la situación del país se pondrá peor. El mes de noviembre cerró con una inflación de 56,7%, lo que implica una inflación acumulada de 1.369% durante once meses del año. Se estima que 2017 cerrará con una inflación superior al 2.000%, la más alta de la historia de nuestro país y la más alta del mundo en este momento.

Mientras tanto el gobierno promueve políticas que en vez de frenar la crisis la aceleran aún más. La caída de la producción de petróleo hace que haya menos divisas para sostener los gastos del Estado y el BCV los financia incrementando la masa monetaria.

Maduro y su cúpula nos han endeudado como nunca antes en la historia de Venezuela, dejando al país muy mal parado fuera de nuestras fronteras. Ejemplo de ello es la demanda que una de las mayores petroleras estatales de China, Sinopec, está haciendo contra Pdvsa.

La demanda es por 23,7 millones de dólares más daños punitivos por un contrato de mayo de 2012, cuyo monto era de 43,5 millones dólares y la mitad sigue sin ser pagada. La petrolera china acusa al gobierno de “utilizar un caparazón descapitalizado” (Pdvsa) y les reprocha tener un “engaño deliberado” y una conspiración coordinada entre varias unidades de Pdvsa.
Pdvsa, que en otro momento fue ejemplo para el mundo de una empresa sólida gracias a una gerencia calificada, hoy es sinónimo de mal negocio o poco confiable para cualquier empresa o país.

Estamos en manos de unos indolentes que han acabado con todo, aniquilaron el aparato productivo nacional, pero no conformes con ello acaban también con la empresa más estable y rentable que tenía el país como lo era nuestra empresa petrolera.

Pero qué más podemos esperar de quienes incluso destruyen a su propio partido, al punto de tener que deslindarse del mismo en medio de una contienda electoral.

Sólo un gobierno al que no le importa su pueblo permite que los niños mueran de hambre. Como Johan Fajardo, un niño de 12 años que apenas pesaba 11,5 kilos y perdió la vida por desnutrición crónica en el hospital de Guanare.

La vida de por sí es frágil, y no hace falta que la indolencia del gobierno la vuelva más vulnerable. Vemos con gran preocupación las declaraciones de voceros del régimen asegurando que no aceptarán el canal humanitario, mientras en el país cada semana mueren al menos 5 niños por desnutrición.

Nuestro pueblo está pasando hambre, ahora no solo hay que tomar en cuenta que los precios suben día tras día debido a la galopante inflación, sino que además debe preverse que no se van a conseguir los alimentos necesarios, como las proteínas, para tener una buena alimentación. Cada día crece el “no hay carne, pollo ni pescado”.

Ante esta situación, quienes aún podemos, debemos ser solidarios y ayudar a quienes más lo necesitan, nosotros lo estamos haciendo a través de la iniciativa “Alimenta la Solidaridad” dirigida a alimentar a los niños que presentan riesgo de desnutrición. Debemos evitar que más niños mueran por la desidia de Maduro y su cúpula. Todos podemos ayudar en esta emergencia, todos con la mirada puesta en que sea una temporalidad mientras logramos cambiar el modelo para, definitivamente, tener un país próspero.

Cuando la desesperanza te invada, recuerda que en los momentos donde has mostrado fortaleza nuestra Venezuela ha sido fuerte contigo. El país nos necesita fuertes aunque sintamos que no podemos y animarnos a seguir luchando por él. Rescatar a esta tierra de gracia de la oscuridad en la que nos metieron está en manos de cada uno de nosotros y en la fuerza que juntos podamos ejercer.

Venezuela nos necesita a todos. ¡Dios los bendiga!

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